Mientras el paso del tiempo para actuar contra el cambio climático avanza de modo inexorable, las grandes masas de hielo en los polos y otros sectores congelados de la Tierra siguen derritiéndose. Lejos de ser sólo una pérdida progresiva de hermosos paisajes, el fenómeno influye en la circulación y el nivel de los océanos, la disminución de reserva de agua dulce y el impacto en la biodiversidad de los ecosistemas.
Pero el director del programa del Año Polar Internacional, David Carlson, advirtió sobre un inconveniente adicional que preocupa cada vez más a los investigadores: el permafrost (suelo congelado) de las zonas más frías del planeta almacena grandes cantidades de carbono. Y al liberarse produce la emisión de metano y dióxido de carbono, dos de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento planetario.

El derretimiento de los hielos continentales
El derretimiento de los hielos continentales, es un fenómeno estacional de largo plazo, que va a modificar la geografía antártica y cuyas consecuencias para el mundo pueden ser caóticas, debido al aumento en el nivel de los océanos.
La importancia de la antártica es tal que representa el 90% de la totalidad de los hielos que existen en el planeta y el 70% de las reservas de agua dulce.
Hay una masa continental con basamento de roca cubierta de hielos permanentes. Habiendo dos masas importantes unidas aparentemente por un estrechamiento: una llamada antartida occidental y otra oriental. Pero ademas todo el continente esta rodeado de una masa variable de hielos que la rodean depositados sobre el mar adyacente. ( hielos oceánicos ).
La extension y grosor de esta masa de hielos es la que varia anualmente con las estaciones. Si todos los hielos continentales del sector occidental se derritieran el nivel de los mares subirían entre 1.5 y 5,5 metros. Pero si todos los hielos continentalesde la Antartida, sumando el sector occidental y oriental se derritieran el nivel de los mares subiría cerca de 70 metros, originando una catástrofe mundial sin precedentes.
Una gran formación glaciar de la Antártida se ha reducido con un ritmo uniforme en los últimos ocho años. Hay nuevos indicios de que el glaciar de la isla de Pinos, en la región occidental de la Antártida, se reduce a un ritmo que puede convertirlo en una masa flotante de hielo en 600 años.
La observación del glaciar mediante satélites de 1992 a 1999 reveló la pérdida de unos 31 kilómetros cúbicos en ese período, con un ritmo de reducción de 4.000 millones de toneladas por año. La transformación en agua de ese volumen de hielo implica una elevación anual de 0,1 milímetros del nivel del mar, señalaron.
La masa de hielo occidental fue observada en forma sistemática porque su disolución total puede elevar el nivel del mar unos cinco metros. Los posibles efectos del recalentamiento en las masas de hielo costeras, afectan también a territorios interiores en los cuales está la mayor parte del hielo antártico.
Se pronostica que más de un cuarto de la actual masa global de glaciares montañosos podría haber desaparecido en 2050, y más de la mitad en 2100, cuando sólo quedarían grandes extensiones de esos hielos en Alaska, la Patagonia en el sur de Argentina y el Himalaya al norte de la península índica. El hielo refleja grandes cantidades de energía solar y es un factor contrario al recalentamiento.
Cuando el hielo se derrite, quedan expuestas superficies de tierra y agua que retienen el calor, lo cual aumenta el recalentamiento y causa más derretimiento de hielos, en un proceso que se retroalimenta. El caso del Glaciar de la Isla de Los Pinos, no es aislado.
Un fenómeno ocurre con el Glaciar Ninis y el Glaciar Mertz. También la desintegración acelerada de la barrera de hielos Larsen en la costa este de la peninsula Antártica. La peninsula antartica no es el único caso de fusión de hielos , en la barrera de hielos en el Mar de Ross, en el cuadrante australiano, el fenómeno tiene varios antecedentes.
Las causas parecen complejas sin embargo se consideran entre ellas los efectos del calentamiento global que esta sufriendo aceleradamente el planeta. El calentamiento en la región se esta produciendo con una media de alrededor de 2.5 degrees Celsius (4.5 degrees Fahrenheit) desde la década de los 40.
Un claro ejemplo de los derretimientos es la Antetártida:
¿Se derrite la Antártida?
Cada cierto tiempo (especialmente en verano, cuando el material informativo escasea) salta a los medios de comunicación una noticia en la que se da la voz de alarma sobre la subida del nivel del mar. Normalmente se acompaña con informaciones sobre el aumento de temperaturas y prevé grandes catástrofes inmediatas entre las cuales está la desparición de las ciudades costeras. La guinda a estas informaciones es un montaje fotográfico en el que aparece la estatua de La Libertad sumergida hasta el cuello.
Aunque se trata de dos cuestiones distintas, están íntimamente relacionadas; el calentamiento global del planeta y el derretimiento de los hielos antárticos son las dos caras de la misma moneda pero aquí sólo vamos a hablar sobre la Antártida.
Durante los últimos años se han publicado numerosos trabajos rigurosamente científicos sobre el derretimeinto del hielo antártico inducido por el calentamiento global del planeta. Esto ha generado una corriente social en contra de una de sus posibles causas, los gases de combustión que inducen el efecto invernadero, corriente que no afecta al cafre que los ciudadanos del imperio han elegido como presidente, el Sr. Bush (¿o será al presidente que han elegido los cafres del imperio?).
Antes de entrar en harina hay que entender que los hielos antárticos están divididos en dos clases: las barreras occidentales, que es una enorme plataforma de hielo llegada durante miles de años de los glaciares y que ocupa el propio mar; y los hielos orientales, apoyados sobre tierra firme.
En 1978 John Mercer ya intuyó que la desintegración de las barreras de hielo flotante, las orientales, sería un evidente signo de que un peligroso calentamiento comienza en la Antártida. Ni él mismo seguramente imaginaría que sus previsiones se iban a cumplir en menos de 15 años. En 1991 se produjo el desprendimiento de la primera de estas barreras, la de Wordie, situada a 68 grados de latitud sur. La idea de Mercer era bastante simple: la pervivencia de las barreras de hielo dependía de que se mantuviesen al sur de la isoterma de los cero grados. Si esta isoterma se desplazaba hacia la Antártida, los hielos se replegarían hasta alcanzar una nueva posición de equilibrio. En un escenario de catástrofe, con un calentamiento del planeta de hasta 8 grados, la isoterma de los cero grados se desplazaría hasta alcanzar casi todas las barreras de hielo flotante, las cuales se separarían del continente y empezarían a flotar libremente en el océano. Estas barreras tienen la importante misión de retener el flujo de hielo llegado desde los glaciares por lo que su desaparición implicaría la llegada de inmensas cantidades de hielo al mar. Si la desparición de las barreras apenas implica subida del nivel del mar de menos de cinco metros porque ya están en el mar, la llegada del hielo continental sí que aceleraría esta subida.
La inestabilidad del mar de hielo occidental es una cuestión conocida desde hace décadas pero en 1998 se llegó a la conclusión de que se produce anualmente un retroceso de 1200 metros en la línea en que las barreras de hielo dejan de estar apoyadas en los fondos marinos y flotan en el mar.
Calida es lo q queria