Mientras el paso del tiempo para actuar contra el cambio climático avanza de modo inexorable, las grandes masas de hielo en los polos y otros sectores congelados de la Tierra siguen derritiéndose. Lejos de ser sólo una pérdida progresiva de hermosos paisajes, el fenómeno influye en la circulación y el nivel de los océanos, la disminución de reserva de agua dulce y el impacto en la biodiversidad de los ecosistemas.
Pero el director del programa del Año Polar Internacional, David Carlson, advirtió sobre un inconveniente adicional que preocupa cada vez más a los investigadores: el permafrost (suelo congelado) de las zonas más frías del planeta almacena grandes cantidades de carbono. Y al liberarse produce la emisión de metano y dióxido de carbono, dos de los gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento planetario.
